Humo Blanco: El disco inevitable

Para mí el disco “Humo Blanco” resulta una consecuencia lógica, feliz, inevitable. Como un fruto que madura y desprendiéndose del árbol emprende su travesía. Y es que por fin podemos encontrarnos con Diego Álvarez de frente, no como una pieza fundamental de “Mecánica Popular” o como side man. Aquí el sonido de Diego aparece completo y claro, quedando manifiesta su ya sabida habilidad como guitarrista pero apareciendo, además, una menos conocida calidez poética e interpretativa,  presente en cada canción.

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Cuando me enfrenté a este disco por primera vez, temí que el referente de Mecánica Popular me hiciera oír todo desde un prisma comparativo. Esto porque esta banda, además de ser extremadamente relevante en la carrera musical de Diego, ha sido también relevante para mí como auditora de música nacional. La sorpresa fue entonces encontrarme con una música de identidad absolutamente propia, que si bien comparte a ratos ciertos elementos con su banda de origen, también se puede identificar con otros segmentos del rock pop latinoamericano como Gustavo Cerati o mi adorado Luis Alberto Spinetta, en una combinación autentica y única.
De orquestación principalmente tradicional -guitarras, bajo, batería – con excepciones como el primer sencillo del disco Bordados, donde aparecen además arreglos de cuerdas y acordeón, el disco mantiene un color algo antiguo, pero no como ese retro forzado, sino más bien, da cuenta de una sensibilidad conectada a esa sonoridad en que las guitarras desarrollan timbres y líneas melancólicas y oscuras. Esto se conjuga maravillosamente con la belleza de las letras y la dulzura de Diego como cantante, aún en las canciones más rockeras.

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La impresión que me deja el disco es profundamente conmovedora, frases como “cuanto de ti desespera por romper el cristal, cuanto de ti quiere renunciar al verso de tus anclas…” de la canción  Lo que dibujan tus palabras,  dan cuenta de una poética sencilla y poco ambiciosa, cargada de sensibilidad y belleza.  Además, a través del disco podemos ir descubriendo lo que solo puedo atribuir a procesos de vida sumamente honestos y a la necesidad de compartirlos, haciéndolos música. Partes de esto podrían ser  “…que necesitas para desnudarte y salir a cazar, la poesía no es más que un gran árbol presto a jugar…”  del segundo sencillo Negro y Pulmón  o “…si algo hay que dejar en el camino, es el afán desierto de esperar…”  de la canción que le da el título al disco Humo Blanco.
La señal de humo blanco de Diego Álvarez resulta clara: es el regalo que deja un camino de años de la mano de la guitarra, de las palabras. Un punto de inflexión, el reconocimiento de una identidad solista con discurso musical propio. Un disco que, como mencioné al comienzo considero inevitable, esperado por muchos…y valió la espera.

por Macarena Salinas

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