“This is not a park”

A propósito de mi visita al pabellón que se encuentra construido temporalmente en el sector sur-poniente del Parque Araucano y una posterior visita al resto del parque, es que escribo estas líneas. Más que lograr un efecto particular con ellas (que en cuyo caso sería la permanencia definitiva del pabellón) me gustaría cuestionar y problematizar dos distintas maneras de intervenir nuestros espacios públicos, particularmente áreas verdes y parques.

Fotografía obtenida desde http://www.beals-lyon.cl/

Fotografía obtenida desde http://www.beals-lyon.cl/

El pabellón, diseñado por Beals-Lyon en el marco del concurso YAP-Constructo, solo enfatiza la esencia y rol de un parque urbano. La instalación es una invitación a perderse, a jugar, a descubrir lo urbano desde lo ‘artificialmente’ natural enmarcando vistas del mismo parque y de la ciudad circundante. El pabellón es mínimamente construido, sin más materialidad que sensibles estructuras de madera, agua y plantaciones de maíz, un Jardín.
Ante todo, es un espacio democrático, abierto, y gratis. Una serie de pasarelas y rampas de madera amarillas entre plantaciones de choclos, emergen desde los recorridos del parque al modo de las termas geométricas de Germán del Sol. Haciendo un guiño al título de la novela de Borges, los recorridos fueron diseñados para ser leídos, usados, de múltiples maneras.
Albert, uno de los personajes de Borges, explica que estos senderos constantemente divergentes a veces si convergen, aunque como resultado de cadenas de causas de origen distinto. Entre estos ‘senderos que se bifurcan’ se descubren pequeñas pausas mínimamente programadas. Una es un espejo de agua donde los niños cruzan refrescándose al sonido de un único chorro que invita a sentarse en las sillas de lona a escuchar, a mirar. Otra convergencia es un pequeño trozo de parque interior, que recuerda el pabellón de Zhumthor en el Serpentine Gallery, haciendo re-observar un trozo del parque que siempre ahí ha estado.
Un área nos presenta jaulas de pájaros que hacen subir la mirada a lo alto, y un último mirador simplemente propone contemplar el paisaje al poniente del parque. De visita con mis dos hijos y a pesar de los treinta grados de temperatura, no hubo modo de sacarlos de los recorridos, los distintos espacios, y la aventura laberíntica de descubrir y re-descubir los nuevos y mismos lugares. La intervención logra constituir un lugar, un destino, y un programa adecuado a un parque urbano. No es de mi interés aquí discutir su factura material, si el tamaño es el adecuado a la escala del parque, o si me gusta o no personalmente, lo importante es que el pabellón funciona, y funciona muy bien, sino por si mismo al menos por contraste.

agua

Bajando por el parque unos trescientos metros, la narrativa cambia; donde se encontraba la antigua piscina municipal existe hoy un edificio, que como presagiaron y denunciaron los vecinos, rompe la antigua continuidad del parque en dos. La construcción pretende perderse con taludes de pasto fallidamente, intentando esconder los volúmenes y espacios con una marcada firma estética de shopping mal: un ‘domo’ conduce a un ‘boulevard’ y a una fachada interior cuyo elemento central es la cabina a escala real de un avión que irrumpe en el muro cortina.
No me animo a comentar sobre Kidzania “la ciudad para niños” como programa, ni el innecesario “boulevard gastronómico” teniendo una oferta del mismo tipo en el Mall Parque Arauco al frente, ni sobre Hard Candy Center, el gimnasio de Madonna, que de eso ya hay suficiente critica y opiniones que en general comparto. Juntos conforman el edificio “Vida-Parque,” proyecto privado diseñado por Cristian Fernández, que ocupa una hectárea del parque.
Un parque necesita servicios que actúen como destinos, sin duda. La pregunta es qué tipo de destinaciones; ni el gimnasio de Madonna, ni el centro de entretenciones infantil responden al tipo de equipamiento accesible y comunitario con que deberían contar un parque urbano. Ni la mejor tienda de juguetes ni el destellante choque de avión en la fachada lograron superar la experiencia anterior para los niños, ni para mi.  Una experiencia de parque, de jardín.
Como nos propone Borges, bifurcar es un acto que no ocurre en el espacio, sino en el tiempo. Bifurcar refiere a divergir, a la apertura a nuevas posibilidades. Sólo escribo esto como un llamado a que si existe una próxima vez optemos por una mejor alternativa, que esta vez sin duda es ‘El Jardín de Senderos que se Bifurcan’. Si fuese estrictamente necesario construir algo en un parque, no elijamos los edificios tipo Mall, o los ostentosos puentes, optemos por la simpleza y a la vez riqueza del sendero amarillo, como Dorothy.

senderos

por Alejandra Celedón

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